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Tiempos de amor y guerra

Al fotografo Raul Ortega lo conocí sobre el tejado de la cáteral de San Salvador, El Salvador.

Fue un día despues de que se firmaran los acuerdos de paz en el Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México, el jueves 16 de enero de 1992.

Ese día yo bajé con un bastión guerrillero del FMLN de las faldas del volcán de San Vicente, a una hora de San Salvador, hasta alcanzar el zócalo, donde se viviría un día de fiesta nacional.

Era un día histórico, la paz por fin se había rubricado en México, y  en el zócalo de San Salvador se habían concentrado los guerrileros de los frentes de guerra cercanos a la capital.

Algunos periodistas bajamos con ellos del volcán de San Vicente en un convoy guerrillero.

En el campamento, los guerrilleros sabían que pronto, según un calendario pactado en los acuerdos de paz, uno a uno entregarían sus armas a los soldados de la ONU.

La desmovilización sería paulatina, pero a partir de la firma de los acuerdos de paz se callarían los fusiles.

Por eso al medio día del 16 de enero de 1992, mientras en Chapultepec se firmaba la Paz, en el volcán de San Vicente el adiós a las armas se daba con ráfagas disparadas al aire.

Muchos de los guerrilleros habían perdido a sus familiares durante el conflicto. Su M 16 y su mochila detrás de la espalda era lo único que les quedaba.

El zócalo hervia de gente, guerrilleros, religiosos, oenegeneros, internaciobalistas, y periodistas llegados de diversas partes del mundo.

Raul Ortega y otros fotógrafos de prensa estaban sobre el tejado de la catedral, en San Salvador, desde donde se tenía una vista panorámica de la concentración multitudinaria.

Los guerrilleros aún en sus trajes de combate, con sus armas blandiéndolas al aire… los abrazos, el llanto, el reencuentro de las familias separadas en los 12 largos años de guerra que dejó más de 76 mil muertos y desaparecidos.

La firma de los Acuerdos de Paz lo vimos en una pequeña TV en blanco y negro que los guerrileros alimentaban con una bateria de carro.

El volcán de San Vicente era un bastión bajo control del FMLN: la tierra estaba en terrazas y los cultivos hortícolas la hacían ver próspera.

Habían compartido conmigo el viaje el periodista Roberto Zamarripa, entonces enviado del periodico La Jornada y actual director del diario Reforma, y Julio Santamaria, de la agencia de fotos Imagen Latina.

Salímos un día antes del Hotel Camino Real en un pequeño coche Nissan, y enfilamos hacia San Vicente, ascendiendo por el pequeño volcán, hasta alcanzar el campamento guerrillero.

Era el fin de 12 años de guerra civil, y un mando guerrilero me ofreció hacer algunos disparos con una subametralladora tierra-aire para decir adios a la guerra.

Todos en el campamento disparaban sus armas al aire.

Yo lo hice.

Julio Santamaria tomó algunas fotos de mi disparando.

Roberto Zamarripa estaba en desacuerdo. “El periodista no debe involucrarse en la noticia”. Algo así recuerdo que dijo.

No le hice caso.

Era el fin de 12 años de guerra civil en El salvador, el pulgarcito de América, como le llamó Roque Dalton, y nosotros estábamos en un campamento guerrillero.

Recuerdo que Zamarripa entonces quería ser un reportero diferente. Entonces le preguntó al jefe guerrillero qué marca de calcetines usaba y cuál era su platillo favorito.

Yo no aguante la carcajada…

El jefe guerrillero no usaba calcetines…

-Seguro que en el monte come faisán, dije.

Todos reímos… Zamarripa creo tuvo un ligero rubor.

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