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Con una mayoría, Morena apostará por la IV Transformación

Se inició este miércoles 29 de agosto la parafernalia de la constitución del Congreso. En el caso de esta nota, nos enfocamos a la sesión constitutiva de la LXIV Legislatura, en un acto meramente protocolar con los viejos rituales de la liturgia legislativa, que sólo conducen a estrechar relaciones públicas entre los diputados “electos” como “representantes del pueblo”, pero que podrían agilizarse y no extender por horas un acto que podría durar lo que una misa.

Comenzó un nuevo Congreso, o mejor dicho una nueva legislatura del Congreso mexicano, pero con los mismos vicios de la historia de los congresos mexicanos – una lamentable pérdida de tiempo en tonterías -, salvo que la presencia femenina es ya determinante en la iniciación y aprobación o desaprobación de nuevas leyes y reformas a las leyes ya existentes.

Un Congreso que, se prevé, eche para abajo las muy cuestionables reformas estructurales, producto del servilismo de la LXIII Legislatura y de los partidos políticos al capricho presidencial encarnado en Enrique Peña Nieto, quien pasará a la historia como uno de los presidentes más impopulares que han gobernado a los mexicanos, quien, por cierto, deberá entregar a la actual legislatura su sexto y último informe de gobierno y presentar el presupuesto federal que ejercerá, en su primer año, el Nuevo Gobierno, a partir del próximo primero de diciembre.

Esto quiere decir que los 500 diputados que entraron en funciones deberán trabajar intensamente para estudiar, discutir, debatir, las cifras del mencionado PEF (Presupuesto de Egresos de la Federación) para que esté listo el 30 de noviembre, o sea que sólo disponen de tres meses para hacerlo.

Este escribidor esperaría que en la repartición del Ramo 33, que es el recurso destinado al financiamiento de los estados y los municipios, los seudo representantes no se sirvan con la cuchara grande de los “moches” (que son algo así como millonarias comisiones como premio por sus oficios para que el pleno les apruebe a sus compadres gobernadores y presidentes municipales, opulentas cantidades de recursos que las presupuestadas originalmente) como ocurría hasta la LXIII Legislatura. ¿Recuerdan los escándalos de los moches recibidos por diputados panistas por sus buenos oficios para gestionar buenas cantidades de dinero para sus compadres gobernadores o presidentes municipales, por supuesto que de su propio partido?

No habrá, pues, margen para la desidia, para la pereza, para dormitar en la curul, para hacer negocios (Bueno. Eso espero. A lo mejor me equivoco, porque en arca abierta hasta la justo peca. Pero que habrá trabajo habrá y el embajador Porfirio Muñoz Ledo seguramente que no tendrá nada de tiempo para echarse un brindis navideño, porque imagino que este año no habrá tiempo para pachangas ni por los difuntos, ni por Guadalupe, ni por Noche Buena, ni por Navidad, y menos por la despedida del año viejo y la bienvenida al año nuevo. Quiero creerlo así. De nuevo. A lo mejor me equivoco.

Habrá que rehacer la reforma educativa, especialmente. Seguramente que ya están pensando los expertos legislativos que la secretaría de educación pública debería de llamarse secretaría de instrucción pública, porque nunca ha educado ni educa, ni educará, menos si la filosofía educativa sigue siendo capitalista, y se considera al niño como una alcancía en la que hay que depositar las monedas de un conocimiento que no le sirve para nada, menos para ser libre. Tendrán que aceptar los diputados y los senadores que la educación tiene que ser un proceso para formar hombres y mujeres libres, con espíritu crítico, con la duda a flor de labios, pues de otra suerte los mexicanos seguirán siendo siervos de un reducido grupo de plutócratas.

Conque reformen la reforma educativa y aprueben el presupuesto. Con eso tienen para trabajar intensamente de ahora al primero de diciembre, cuando tomará posesión el nuevo presidente de la república.

Quiero soñar. Déjenme soñar, queridos lectores, en que este Congreso no será patiño del llamado poder ejecutivo y que no responderá a la línea que les quiera dictar el presidente de la república.  Que será una entidad autónoma. No digo poder porque eso de los tres poderes no significa nada. Absolutamente nada porque ni son poderes ni son representantes de nadie sino de sí mismos. Por lo menos así fue hasta ahora.

Felicidades a amigos muy queridos e inolvidables: Dulce María Sauri Riancho y Porfirio Muñoz Ledo, especialmente. Porfirio y su servidor realizamos, ha tiempo, un programa de radio en una estación de radio que tenía allá por Insurgentes Sur y Félix Cuevas la inolvidable Tere Vale. Creo que aquella experiencia valió mucho la pena. Así empieza esta nueva etapa de la historia de algo que aún hay que cambiar de raíz para que, en verdad, los llamados poderes dejen de ser poderes y sean realmente empleados del pueblo, porque el pueblo es quien paga sus pingües emolumentos. analisisafondo@gmail.com

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