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Inédito arranque AMLO

El actual periodo de transición ha llevado un ritmo inédito, que podría dar luz sobre la manera en que gobernará López Obrador.

Las leyes mexicanas estipulan que el candidato que gana la elección presidencial no es presidente electo hasta el momento en que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le entrega su constancia de haber ganado.

 En el barroco y larguísimo proceso de transición en México, el Tribunal tiene de plazo hasta el 6 de septiembre para emitir su juicio final.

La razón es que las elecciones presidenciales en México, desde 1988, estuvieron llenas de reclamos e impugnaciones y, por lo mismo, se requería de un periodo legal de poco más de tres meses para que el Tribunal resolviera las disputas.

Por lo menos en esta ocasión, ese Tribunal ha dicho que es probable que adelante el veredicto en vista de que no hubo reclamos de los perdedores.

Mientras eso no suceda, Andrés Manuel López Obrador no tiene ningún nombramiento formal ni acceso a recursos pese a haber ganado la elección.

Sin embargo, esa circunstancia no fue obstáculo para que en las dos semanas posteriores a la elección se registrara la actividad más frenética que se recuerde por parte de un candidato ganador en México.

A menos de 48 horas de haberse realizado los comicios del 1 de julio, López Obrador ya se estaba entrevistando con el presidente constitucional, Enrique Peña Nieto, para fijar las reglas de la transición.

También empezó a otorgar nombramientos como si ya fuera presidente en funciones. Se reunió con los representantes de los empresarios, con los legisladores de su partido y de sus aliados, como si ya estuvieran sesionando en el Congreso.

Lanzó programas, hizo pronunciamientos públicos y, para coronar este periodo, recibió en su modesta oficina de la colonia Roma la visita de algunos de los más importantes funcionarios del gobierno estadounidense, quienes más allá de las reglas diplomáticas, le dieron trato de virtual presidente electo.

Si lo que vimos en las semanas posteriores a la elección es el sello que va a caracterizar a la administración de López Obrador, entonces vamos a tener un ritmo de gobierno con una velocidad que hasta ahora desconocemos.

El próximo presidente anunció que habrá reducción generalizada de sueldos a los altos funcionarios, que no va a vivir en la residencia oficial de Los Pinos, que recortará el 70 por ciento de los puestos de confianza, que mandará las oficinas de las secretarías y empresas del Estado a las entidades de la República, que venderá el avión presidencial y la flota aérea del gobierno, solo por referir algunas de las acciones.

Durante la campaña electoral dijo que quiere hacer en un sexenio lo que usualmente se hace en dos, y tiene capacidad para hacerlo porque consiguió mayoría absoluta en el Congreso, lo que le permitirá pasar leyes sin mayor problema.

Para entender lo que significan estas electrizantes semanas, conviene recordar que AMLO no se asume meramente como un presidente más, sino como el líder de la “Cuarta Transformación” de la vida pública en México, tras la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Al considerarse como el responsable de un proyecto de esa dimensión, sabe que no tiene tiempo que perder y ha empezado a gobernar antes siquiera de que legalmente se haya reconocido su victoria.

La transición mexicana establece que los nuevos legisladores empiecen a sesionar en el Congreso tres meses antes de que el nuevo presidente entre en funciones. Con la mayoría que López Obrador tiene en las dos Cámaras, lo más probable es que a partir del 1 de septiembre veamos también una intensa actividad legislativa que va a preparar el terreno para su arribo a Palacio Nacional el 1 de diciembre.

Todo lo anterior es posible porque el gobierno en funciones, encabezado por Peña Nieto, ha adquirido un perfil muy bajo y le ha dado todo el espacio al gobierno que llegará en unos meses.

Esa actitud incluye también la disposición para colaborar, compartir información y dar entrada a AMLO a eventos como la reunión de los países integrantes de la Alianza del Pacífico.

Y, adicionalmente, las dos principales fuerzas políticas que podrían generar contrapesos y limitar a quien será presidente a partir del 1 de diciembre se encuentran en crisis. El PRI ha cambiado su presidente y está en una situación en la que carece de conducción y proyecto. Apenas empieza a darse cuenta de la dimensión de su derrota.

En el caso del PAN, parece avecinarse una lucha intestina por el control del partido que será la segunda fuerza política del país.

En el ámbito de los empresarios, con excepción de una de las organizaciones, la Coparmex, el resto ha optado por buscar la mejor relación con el gobierno de López Obrador y renunciaron a ser voces críticas.

Casi sin obstáculos al frente, AMLO, para todo efecto práctico, ha comenzado ya a gobernar.

El problema que hay es que un sexenio en México se parece más a una carrera de maratón que a una de 100 metros planos. Es mucho tiempo, y hay que tener un plan para tener aliento por muchos kilómetros.

El arranque acelerado ha conducido ya a algunas pifias que, aun siendo menores, ilustran la clase de equívocos que pueden cometerse. Una representante del equipo de AMLO informó que el Papa Francisco había aceptado participar en las mesas que se han planeado para discutir cómo reducir la violencia en México. Poco después, un vocero del Vaticano la desmintió.

Algunos observadores señalan que a veces pareciera que López Obrador mismo no ha calibrado la diferencia entre estar en campaña y ser ya un candidato ganador, que de facto está ejerciendo ya el poder.

La suerte de la nueva administración va a depender de la capacidad que tenga para seguir desplegando la energía que ha mostrado hasta ahora, pero con la serenidad y responsabilidad que da el estar ya en el gobierno.

Va a ser difícil que las decisiones que se propone tomar AMLO no le vayan a generar desgaste, pues habrá grupos que se van a ver afectados. En la medida que pasen los meses, quizás ya no tenga los respaldos de los que hoy sí goza, por lo que buscará aprovechar el capital político que ha logrado acopiar.

Pero, al mismo tiempo, requiere que su equipo se asiente. En él hay personas que no tienen experiencia de gobierno o que han pasado muchos años alejados de la administración pública y que por lo mismo requieren una curva de aprendizaje.

Si el ritmo frenético se mantiene y se contagia, inevitablemente se van a cometer errores que podrían costarle mucho al nuevo gobierno y al país.

Otro de los aspectos críticos de la nueva administración será su disposición para aceptar las críticas y negociar con otras fuerzas políticas.

El alto porcentaje de la votación que recibió AMLO no facilita esa disposición pues, por ejemplo, en votaciones que requieran la mayoría simple en el Congreso ni siquiera tendría que consultar con los partidos opositores.

Si oye las críticas de la sociedad y si tiene la disposición a negociar con la oposición, habrá indicios favorables de que será un gobierno dispuesto a escuchar y corregir.

De lo contrario, confirmaría los temores de quienes ven una semilla de autoritarismo en la presidencia de AMLO.

Este arranque frenético pronto nos puede dar pistas de qué esperar en los próximos seis años. (Enrique Quintana/El Financiero)

RETAZOS

LAS elecciones siempre dejan perdedores y la del 1 de julio tuvo uno que se llevó una derrota histórica: el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Pasarán varios años para que el PRI pueda reponerse de la debacle que sufrió y que lo condenó a convertirse en una fuerza política de segundo orden, tanto en el Congreso de la Unión como en las entidades federativas. Alguna vez dueño del destino político de la mayoría de los gobiernos locales, el PRI ha visto menguar su importancia en gran parte de ellos y arrancará el próximo sexenio presidencial con una presencia históricamente baja en las alcaldías del país. Lo mismo ocurrirá en la Cámara de Diputados y en el Senado, en donde nunca se había visto un número tan bajo militantes priistas… LA exministra Olga Sánchez Cordero, próxima secretaria de Gobernación, afirmó que el gobierno entrante recibe “un país roto”, con 40 mil desaparecidos, 220 mil homicidios dolosos y asesinatos en los dos últimos sexenios, fosas clandestinas, leva del narcotráfico, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas, por lo que tomarán decisiones radicales en la nueva administración. A eso se suma que, “para algunas personas con las que me he entrevistado, algunas zonas de México son auténticos cementerios clandestinos; vivimos un México de cementerios, una afirmación terrible, gravísima”, lamentó. “Lo terrible de los desaparecidos es que en las desapariciones estamos perdiendo una generación de jóvenes, de entre 14 y 20 años. En el Estado de México, tenemos el más alto índice de desaparecidas, niñas, normalmente víctimas de trata, mientras que los varones en muchas ocasiones se los llevan en ‘auténticas levas’, aunque se oiga verdaderamente dramático”, añadió…Visite: www.debuenafuente.com ¡¡Hasta el lunes, Dios Mediante!!

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