Casa / Política / Desigualdad y Desaparecidos; con esto tiene *La tiene peliaguda don Andrés Manuel *Sólo con desigualdad y desaparecidos
Presidential candidate Andres Manuel Lopez Obrador waves to supporters as he gives his first victory speech from his campaign headquarters in Mexico City, Sunday, July 1, 2018. Lopez Obrador has claimed victory in Mexico's presidential election, calling for reconciliation. (AP Photo/Marco Ugarte)

Desigualdad y Desaparecidos; con esto tiene *La tiene peliaguda don Andrés Manuel *Sólo con desigualdad y desaparecidos

El nuevo gobierno, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, tendrá que enfrentar enormes dificultades para no quedarse en promesas. La desigualdad, por ejemplo, pareciera insuperable en una sociedad desigual por principio. Una sociedad de clases, de castas y, de ribete, racista. Las desapariciones de personas es otro tema verdaderamente desgraciado. En vez de aparecer, aumentan los desaparecidos, o aparecen en un cementerio clandestino.

Sólo hablaremos de estos dos asuntos sin meternos a otros tan trascendentales como estos. La desaparición de personas es un problema no sólo no resuelto en este sexenio, sino agravado. (Recuerdo que, en sus albores, la entonces subsecretaria de derechos humanos, Lía Limón, detalló, en conferencia de prensa, que el número de desaparecidos llegaba, hasta finales de 2012.  a más o menos 26 mil, si mal no recuerdo. Apenas se inauguraba el sexenio de Enrique Peña Nieto, por quien muchos mexicanos abrigaban alegres esperanzas, frustradas después de sólo unos meses de gobierno.

En gravísima contrapartida, de acuerdo con cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, de 2007 al corte del 30 de abril de 2018, se registraron casi 37 mil desapariciones. El Registro integra los datos de personas no localizadas, obtenidos a partir de las denuncias presentadas ante la autoridad ministerial correspondiente. Gravísima la situación. En cinco años el Registro agregó once mil desapariciones. Hay que matizar, en honor a la verdad, que es imposible conocer cuántas de las desapariciones registradas son extravíos o desapariciones forzadas. Pero bueno. De todos modos, son desapariciones que causan dolor a los familiares de los desaparecidos.

El asunto de la desigualdad es un enredo que tiene muchas puntas y, entre más se tira de una o de otra, más se enreda. No tiene solución en un sistema desigual por naturaleza como la sociedad de consumo-desperdicio que empieza a ser la sociedad mexicana. Una sociedad estratificada en clases sociales, de las cuales me atrevería a asegurar que sólo quedan dos, en polos diametralmente opuestos: los muy ricos, los detentadores del capital, los que pueden tener a su familia, viviendo lujuriosamente, en Atlanta, o en La Joya, o en Quad Cities, o en Beverly Hills, o en cualquier pueblucho de Estados Unidos, y la sociedad trabajadora (en la que hay subclases: unas menos jodidas que otras, y otras más jodidas que unas, integrada por una población económicamente activa de unos 54.5 millones de personas, de las cuales 52.8 están ocupadas (aunque muy mal remuneradas en su inmensa mayoría; viven en la pobreza medio sancochadas con un poco de manteca de cerdo o aceite de cánula), y 1.7 millones de desocupados, que no saben si comerán hoy y si comen es por milagro divino.

Y aquí se detiene el tiempo, se llega al borde del precipicio, al vacío, y se abren las puertas del infierno de la opulencia de muy pocos contra la pobreza de muchísimos. Quedan por ahí unos cuantos que pueden gozar de unas vacacioncitas en Acapulco; otros menos en Las Vegas; otros, menos, en Cancún y casi nadie en el Mediterráneo europeo. Así que no habrá que hacerse ilusiones con AMLO en esto de acabar con la desigualdad. A los pobres siempre los tendréis con vosotros, dijo en alguna ocasión Jesucristo, según cuenta la leyenda bíblica. Y aunque parezca un apóstol de Cristo, júrelo que el tabasqueño no podrá hacer ningún milagro.

Tan sólo desigualdad y desapariciones representan una loza muy pesada, que cubre lo peor de la vida diaria de millones de personas, y eso que no profundizo, no me meto con otros tan dramáticos asuntos como los cientos de miles de asesinados, por homicidios comunes y por ejecuciones perpetradas por la delincuencia organizada y las fuerzas de seguridad del Estado, que muchas veces pierden su línea divisoria y se confunden.

Así que no nos hagamos ilusiones de que las cosas cambien. Desigualdad y desapariciones son dos flancos débiles, muy débiles, del nuevo gobierno.

El nuevo gobierno, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, tendrá que enfrentar enormes dificultades para no quedarse en promesas. La desigualdad, por ejemplo, pareciera insuperable en una sociedad desigual por principio. Una sociedad de clases, de castas y, de ribete, racista. Las desapariciones de personas es otro tema verdaderamente desgraciado. En vez de aparecer, aumentan los desaparecidos, o aparecen en un cementerio clandestino.

Sólo hablaremos de estos dos asuntos sin meternos a otros tan trascendentales como estos. La desaparición de personas es un problema no sólo no resuelto en este sexenio, sino agravado. (Recuerdo que, en sus albores, la entonces subsecretaria de derechos humanos, Lía Limón, detalló, en conferencia de prensa, que el número de desaparecidos llegaba, hasta finales de 2012.  a más o menos 26 mil, si mal no recuerdo. Apenas se inauguraba el sexenio de Enrique Peña Nieto, por quien muchos mexicanos abrigaban alegres esperanzas, frustradas después de sólo unos meses de gobierno.

En gravísima contrapartida, de acuerdo con cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, de 2007 al corte del 30 de abril de 2018, se registraron casi 37 mil desapariciones. El Registro integra los datos de personas no localizadas, obtenidos a partir de las denuncias presentadas ante la autoridad ministerial correspondiente. Gravísima la situación. En cinco años el Registro agregó once mil desapariciones. Hay que matizar, en honor a la verdad, que es imposible conocer cuántas de las desapariciones registradas son extravíos o desapariciones forzadas. Pero bueno. De todos modos, son desapariciones que causan dolor a los familiares de los desaparecidos.

El asunto de la desigualdad es un enredo que tiene muchas puntas y, entre más se tira de una o de otra, más se enreda. No tiene solución en un sistema desigual por naturaleza como la sociedad de consumo-desperdicio que empieza a ser la sociedad mexicana. Una sociedad estratificada en clases sociales, de las cuales me atrevería a asegurar que sólo quedan dos, en polos diametralmente opuestos: los muy ricos, los detentadores del capital, los que pueden tener a su familia, viviendo lujuriosamente, en Atlanta, o en La Joya, o en Quad Cities, o en Beverly Hills, o en cualquier pueblucho de Estados Unidos, y la sociedad trabajadora (en la que hay subclases: unas menos jodidas que otras, y otras más jodidas que unas, integrada por una población económicamente activa de unos 54.5 millones de personas, de las cuales 52.8 están ocupadas (aunque muy mal remuneradas en su inmensa mayoría; viven en la pobreza medio sancochadas con un poco de manteca de cerdo o aceite de cánula), y 1.7 millones de desocupados, que no saben si comerán hoy y si comen es por milagro divino.

Y aquí se detiene el tiempo, se llega al borde del precipicio, al vacío, y se abren las puertas del infierno de la opulencia de muy pocos contra la pobreza de muchísimos. Quedan por ahí unos cuantos que pueden gozar de unas vacacioncitas en Acapulco; otros menos en Las Vegas; otros, menos, en Cancún y casi nadie en el Mediterráneo europeo. Así que no habrá que hacerse ilusiones con AMLO en esto de acabar con la desigualdad. A los pobres siempre los tendréis con vosotros, dijo en alguna ocasión Jesucristo, según cuenta la leyenda bíblica. Y aunque parezca un apóstol de Cristo, júrelo que el tabasqueño no podrá hacer ningún milagro.

Tan sólo desigualdad y desapariciones representan una loza muy pesada, que cubre lo peor de la vida diaria de millones de personas, y eso que no profundizo, no me meto con otros tan dramáticos asuntos como los cientos de miles de asesinados, por homicidios comunes y por ejecuciones perpetradas por la delincuencia organizada y las fuerzas de seguridad del Estado, que muchas veces pierden su línea divisoria y se confunden.

Así que no nos hagamos ilusiones de que las cosas cambien. Desigualdad y desapariciones son dos flancos débiles, muy débiles, del nuevo gobierno.

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