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Rutilio Escandón y Roberto Albores Gleason, el silencio, en el debate, como respuesta ante la corrupción

El pasado 13 de mayo se realizó el debate entre los candidatos a la gubernatura del estado de Chiapas: José Antonio Aguilar Bodegas como abanderado del Frente por Chiapas, Roberto Albores Gleason como representante del PRI-Verde, Rutilio Escandón Cadenas como el favorito de Andrés Manuel López Obrador y Jesús Alejo Orantes Ruiz con el enorme esfuerzo personal de dignificar su candidatura independiente. El resultado, prácticamente, era conocido de antemano. La experiencia y la trayectoria de José Antonio Aguilar Bodegas, en contraste con la improvisación, las trampas y los acuerdos clandestinos para imponer a Roberto Albores en el PRI y a Rutilio Escandón en la “honestidad valiente” de Morena. En un sistema republicano, y auténticamente democrático, ni Albores ni Rutilio tendrían la menor oportunidad de ser considerados candidatos. Por el contrario, ambos serían enjuiciados por traición a sus partidos políticos, violaciones graves a la Constitución y uso indebido de recursos públicos puestos a su disposición para su debida custodia. Albores Gleason viene de la traición y el pragmatismo acomodaticio. Durante la campaña a gobernador en el 2006, su padre, el ex gobernador Roberto Albores Guillen, al no obtener la postulación a ningún cargo de elección popular, se alió con el neoperredista Juan Sabines y en contra del candidato del PRI, José Antonio Aguilar Bodegas. Por traición al PRI, la Comisión Nacional de Justicia partidaria determinó la expulsión de Albores Guillén, ratificada por el Tribunal Federal Electoral. En represalia, Albores Gleason renunció al PRI y a la senaduría suplente del actual gobernador Manuel Velasco Coello, pero todavía más. Cuando Velasco Coello fue nominado candidato a gobernador por el estado de Chiapas, el presidente del Senado, Ricardo García Cervantes, lo conminó a asumir la titularidad del escaño vacante. La respuesta de Albores Gleason fue de desdén ante la representación nacional. Simplemente adujo no estar dispuesto a convertirse en senador propietario porque en ese 2006 se postularía como candidato al Senado. Esa sola afirmación lo inhabilitaba para continuar como senador suplente, negarle su registro y someterlo a juicio político. El artículo 63 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos obliga y norma el procedimiento para cubrir las vacantes que dejen los diputados y senadores propietarios. En cuanto a Roberto Albores Gleason, en lugar de fincarle responsabilidad política, su triple traición fue premiada con creces. El bandido de Juan Sabines se encargó de hacerlo diputado federal, secretario de Economía, secretario de Turismo, senador de la República y presidente del PRI estatal. Como presidente del PRI, sin ningún recato, violó los estatutos partidarios. Nombrado en agosto de 2011, su encomienda terminaba en agosto de 2015. Sin embargo, permaneció hasta el 2017, con la complicidad de Enrique Ochoa Reza. Por esa grave irregularidad, siete ex presidentes del PRI en Chiapas exigieron a Ochoa Reza la remoción de Albores Gleason. En respuesta, el gran gesticulador lo nombró secretario de Gestión Social del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Con esa decisión, Enrique Ochoa y Albores Gleason se mofaban del priísmo chiapaneco y mandaban la funesta señal de la próxima imposición de Albores como candidato a la gubernatura del estado. Sólo que lo malo para Albores Gleason y lo bueno para el electorado es que en el primer debate de candidatos a la gubernatura se exhibió de cuerpo entero. Sin ningún sustento, se calificó como el próximo gobernador de la inversión y el empleo, hacer crecer la economía y convertir a Chiapas en una potencia turística. Las dos afirmaciones son falacias anticipadas. Como secretario de Economía durante el sabinato decreció la economía; la inversión y el empleo se vinieron abajo, pero, en cambio, se duplicó la pobreza al pasar del 39 al 79 por ciento de la población. Y Chiapas nunca se asomó como destino turístico privilegiado en el concierto nacional. En el debate del 13 de mayo, entre otros temas, se tocaron los de transparencia, rendición de cuentas y anticorrupción, de los que Albores está incapacitado moralmente para hablar. Como presidente del PRI en Chiapas, en el sexto año de su gestión, todavía tenía pendiente de comprobar cerca de 250 millones de pesos en prerrogativas. Durante el debate, José Antonio Aguilar Bodegas lo cuestionó sobre el destino de 47 millones de pesos entregados a una empresa de Nuevo León, Carnes Vivas, para rastro y producción, de la que Albores nunca verificó la operación. Con su silencio quedó en evidencia un acto de corrupción más, igual que cuando a la empresa Huertos don Horacio de Comitán se le entregaron 424 millones de pesos sin que se tradujera en un beneficio efectivo para los productores del campo. Rutilio Escandón Cadenas se condujo como se esperaba, y con actos de histrionismo, sobre el escenario. Transcribo lo que una joven de 22 años -convencionalmente llamada Andrómeda- piensa de Escandón Cadenas: “Nunca había tenido la oportunidad de escuchar a Rutilio. Siempre me ha parecido una persona sin presencia, pero el debate me dejó en claro que no me he perdido de nada bueno. A mi parecer, un árbol podría ser más expresivo. Y en cuanto a su oratoria, deja mucho que desear”. La percepción de Andrómeda a su edad es impecable. Sin embargo, sus fallas personales se multiplican con las contradicciones –al estilo López Obrador-, omisiones y graves actos de corrupción públicos en su paso como presidente del Tribunal Superior de Justicia. La casa de la justicia convertida en botín político y habilitada como casa de campaña de Morena. Al inicio del debate, Rutilio se presentó como el prototipo de vendedor de cualquier tienda departamental. “Alégrate, te tengo buenas noticias. Vamos a dedicar el mayor presupuesto para educación y salud”. Lo malo es que no dijo cómo ni cuánto, ni de dónde va a salir ese dinero. Igual como cuando en televisión se escucha: “Te tengo buenas noticias; 18 meses sin intereses y tu tarjeta sin consultar buró de crédito”. Sólo que cuando Aguilar Bodegas cuestionó en serio a Rutilio, tres veces se quedó callado y no ejerció su derecho de réplica porque nada podía contestar. Por espacio hoy sólo comento uno de los atracos cometidos en contra del erario judicial. Con números y documentos, el candidato del Frente por Chiapas exhibió la enorme corrupción del tribunal. Mientras a jueces, magistrados y a todo el personal les recortaban sus percepciones, Rutilio y compañía, sin ningún recato, se repartían los exiguos recursos judiciales. El señalamiento fue certero e irrefutable. El 13 de marzo de 2015, Rutilio Escandón repartió 10 millones de pesos entre sus amigos y él mismo se asignó una cantidad generosa. Para evadir contestar se escudó en los artilugios retóricos de Andrés Manuel López Obrador: “No le voy a entrar a la guerra sucia para dar respuesta a este tipo de señalamientos”. ¿Cuál guerra sucia? ¿Cuáles infundios? ¿Cuáles ataques sin fundamento? Su silencio es acusatorio y lo incapacita política, jurídica y moralmente para seguir adelante. Al igual que AMLO, sindicarlos, directamente, con pruebas en la mano es guerra sucia. En cambio, contradecir y atacar a sus adversarios, con o sin sustento, es libertad de expresión en la doctrina lopezobradorista. Ampliaremos.

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