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La Casa Grande, un centro turístico de gran atracción

Fue construida por Enrique Braun, hermano de Eva Braun, amante de Adolfo Hitler
Más parece un mito, una leyenda, de las muchas que se han construido en torno al presunto escape de Adolfo Hitler de la Alemania nazi previo a la derrota militar infringida por los países aliados. Se trata de la Casa Grande de la finca Santo Domingo, ubicada en el ejido homónimo del municipio de Unión Juárez, en la región del Soconusco, en la frontera de Chiapas con Guatemala.  Ya en octubre del 2001, Paco Ignacio Taibo II se había planteado “una extraña, pero no demasiado absurda hipótesis”, respecto a si la cafeína que corría mañana a mañana por las venas del dictador alemán, que le permitía salir de las nieblas y lo llenaba de energía, ¿había sido originalmente un pequeño fruto rojo crecido en los cultivos mexicanos del Soconusco: café mexicano? Ya para ese entonces, la finca Santo Domingo era una prospera plantación de café desarrollada por colonizadores alemanes llegados al Soconusco a principios del siglo XIX. Según la historia, la gran mansión o casa grande hoy convertida en hotel turístico fue construida en 1920 por el alemán Enrique Braun, hermano de Eva Braun, la amante del führer nazi. Según esta versión, Hitler habría vivido en la región luego de huir en un submarino hacia América del Sur, tras la derrota frente a los países aliados. La presencia de Enrique Braun alimentó la idea de que ahí se habría refugiado el propio Adolfo Hitler. Según Paco Ignacio Taibo II, Karl Brandt, médico de cabecera de Hitler y quien desde 1939 dirigía en los múltiples campos de concentración un programa de eutanasia dedicado a la eliminación de enfermos incurables y deficientes mentales, había sido reemplazado por Theodor Morell, luego de que a mediados de 1941 la salud de Hitler empeoró: “pasaba muy malas noches, sufría de insomnio y pesadillas, sudaba mucho, mojando las pijamas de un sudor ácido y gomoso, se meaba; empezaba a dormir cerca del amanecer, sin entrar en el sueño profundo a pesar de que al acostarse se llenaba de somníferos”. Para ese entonces Hitler tomaba medicinas contra la impotencia, fármacos para evitar depresiones, remedios contra las indigestiones y los gases, la flatulencia, como elegantemente se llamaba esa degeneración digestiva que hacía que el hombre fuerte de Alemania viviera pedorreándose permanentemente; se medicaba con copramina, cortiron para tonificar los músculos; euflat para evitar los gases estomacales; orchikrin, droga con semen de toro para combatir la impotencia, y multiflor, un derivado de los yoghurts búlgaros; optalidón para los dolores de cabeza, postrophanta para la depresión, sympathol y cardiazol para elevar más sangre al cerebro, si es que tal cosa puede suceder. Morell optó por varios fármacos de manufactura propia y por el té de tila. Pero la medicación hizo que Hitler iniciara las mañanas apático y distraído, que tuviera ausencias y dificultades para concentrarse y Morell, ante las quejas de su paciente, comenzó a suministrarle dos tabletas de cafeína como estimulante en el desayuno junto con un vaso de leche y dos panecillos con mermelada.
Más tarde, al iniciarse las batallas definitorias en el frente ruso, Hitler demandó que el estimulante produjera efectos más potentes y Morell comenzó a inyectarle todas las mañanas una dosis más fuerte de cafeína, un fármaco sintetizado ex profeso en laboratorios alemanes.
El asunto parecía dar resultado. Hitler sin cafeína no era Hitler, se decía cuando la jeringa se iba a la vena mañana tras mañana y el líquido casi negro entraba en su organismo.
Ese líquido casi negro, según deduce Paco Ignacio Taibo II, procedía de la región del Soconusco, en Chiapas. Ello forma parte de la novela “Retornamos como sombras”, que escribió Taibo II a lo largo de 15 años. Se trata de una novela que transcurre en la ciudad de México, el Caribe, Veracruz y Chiapas durante el periodo 1941-42, y que fue publicada por Editorial Planeta. Dice Paco Ignacio Taibo II: En las dos vertientes de la zona montañosa, descendiendo desde los mil 200 metros, se sembraba el arbolito de hojas oscuras, flores blancas y fruto en forma de pequeñas bolitas rojas; un árbol que necesita sombra y clima húmedo, cuyo fruto será más tarde secado al sol, tostado, molido y luego bebido en infusión a lo largo del planeta. Los gringos de la Land Company pensando en explotarlo trajeron en condiciones de esclavitud a 300 kanakas de las Islas Gilbert; los importaron a estas tierras como animales, bajo engaños y poco más tarde una epidemia de viruela acabó con todos. Sus fantasmas tristes pueblan el Soconusco”. Ya antes Matías Romero, ex ministro de Hacienda juarista trató de colonizar estos lares y nunca encontró la mano de obra; introdujo el café y no halló cómo cosecharlo, hizo de esto una obsesión y fracasó con ella. Su finca, que llevaba el nombre de Juárez, en el límite de los símbolos, fue incendiada por órdenes de un presidente de Guatemala. Pero el café se quedó como un rumor en la tierra y en el deseo de que algunos hombres tienen de ella desde la tercera mitad del siglo XIX. En 1896 apareció por la región Gissemann, empleado de una casa comercial de Hamburgo con sede en Guatemala que prefirió irse a la aventura en solitario y abandonar el confort de la burocracia. Tras él llegó su esposa, una sirvienta también alemana que algo sabía de ordeñar las vacas, y un piano. Su alianza con Wilhem Sticker en 1902 permitió que el capital alemán comenzara a fluir y crecieron las fincas cafetaleras. Los patrones se apellidaban: Luttmann, Pohlenz, Edelmann, Kahle, Henkel, Ziegler, Schlotefeldt, Langhoff, Furbach, Dietze, Widemaier.
No bastaba con cultivar el café. Los finqueros alemanes se relacionaron con casas comerciales de Hamburgo, Bremen y Lubeck e hicieron del pueblo de Tapachula su capital. Pronto hubo tres paisajes: por un lado una selva semitropical, ácida y llena de misterios, fantasmas y serpientes; por otro una zona simétrica y ordenada, geometría de las cosechas del fruto rojo, con sembradíos en terrazas e interminables hileras de cafetales; finalmente un pueblo de aluvión lleno de aventureros y parias, con todo y una lavandería de chinos, una casa cambiaria de un ex preso inglés, un prestamista ucraniano, un sastre catalán, seis cantinas.
El café chiapaneco comenzó a moverse hacia el mundo por extrañas rutas sin llegar a los mexicanos y junto con él una serie de rumores, de ésos que suelen acompañar a un alimento cuando se pone de moda: aumentaba la energía, era bueno para la digestión, moderaba la histeria, propiciaba la conversación, despertaba a los dormidos y hacía coherentes a los insomnes. De las haciendas alemanas era transportado en recua de mulas a los pequeños puertos guatemaltecos de Ocós, San José o Champerico, donde vapores de líneas alemanas lo transportaban hacia Hamburgo y al puerto de Bremen. Mientras Tapachula se multiplicaba con su aire desgarbado de campamento minero y el café era un orillo rojo que repartía fortuna, Bremen prosperó y creció con su barrio de ladrillos art decó debido a la genialidad del arquitecto Hoetger y al dinero del fundador de la Hag Company en 1906 e inventor del café descafeinado, su mecenas Ludwig Roselius, controlador de las redes del café mexicano en Alemania.
Gracias a la estructura comercial de Roselius el café chiapaneco adquirió fama en toda Europa; era más fino, más suave, más exótico, más delicado que el colombiano o el brasileño; lejos estaba de su antecesor abisinio o turco. Una moda es una moda y tiene un porcentaje de inexplicables componentes que el aroma del Soconusco transportado a su café no podía explicar.
Pronto, más de la mitad del café que se producía en México surgió de las 30 mil hectáreas de tierras dedicadas al cultivo por los finqueros alemanes. Desde 1900 Chiapas se convirtió en el primer estado productor de café del país. Un café que en México se volvió más apreciado porque los mexicanos no lo tomaban. Detrás del milagro cafetalero estaban esas 32 fincas alemanas en las que vivían no más de 300 súbditos germanos y sus familias y las 25 haciendas propiedad de sus socios mexicanos, pero sobre todo cientos de peones acasillados que subsistían en condiciones miserables y 30 o 40 mil trabajadores de temporal con salarios de hambre. La Revolución mexicana no llegó a esta zona, cuyo orden agrario permaneció intacto. Tapachula era cosmopolita, rancho universal; el castellano, la lengua franca para transmitir órdenes, originadas en alemán, a peones que hablaban dialectos mayas. Y las lenguas seguían sumándose en las periferias de Babel: inversores japoneses que llegaron tarde, estadunidenses que venían a buscar las sobras del tesoro del fruto rojo; prestamistas gachupines, ingeniosos microindustriales que creaban una fábrica de refrescos y una empresa que producía hielo, ingleses dedicados a la venta y el acaparamiento de tierras.
Al iniciarse la guerra mundial en 1939, la estructura creada por Roselius y los finqueros seguía funcionando y el café mexicano llegaba a Alemania en barcos de banderas neutrales. Sus productores, los finqueros alemanes, no estaban ajenos a la guerra, no era raro ver un retrato de Hitler presidiendo la gran sala de la hacienda y se celebraban frecuentes reuniones del Partido Nacionalsocialista Alemán, que se había refundado en México en la zona, atrayendo sobre todo a la segunda generación de jóvenes alemanes, muchos de ellos nacidos en México, pero que habían estudiado en Alemania. ¿Café nazi?
Hoy es una fortuna apreciar la vetusta casona de la finca Santo Domingo tal como la habitaron sus primeros dueños. Destaca entre otras edificaciones de la región, por su minucioso trabajo en la decoración interior, por la solución arquitectónica y sobre todo, por la construcción a base de maderas preciosas. Para llegar a este lugar se recorren aproximadamente 34 kilómetros desde la Ciudad de Tapachula por carretera pavimentada en dirección a Unión Juárez. Tramo Tapachula-Unión Juárez Aquí se ve lo que fue una gran finca cafetalera de principios del siglo pasado, con su camino de palmeras reales, la casa grande, las dependencias para trabajadores y las instalaciones para el proceso de beneficio del café.  El edificio de madera prefabricada traída de Estados Unidos, cuenta con sótano, ático, planta baja y planta alta. En la planta alta se localizan dos amplias recámaras finamente decoradas con estampados florales con estilo “Art Nouveau” y murales con aves de la región, éstas últimas se ubican en el pasillo que liga a las recámaras a un tercer local dispuesto para un privado o cuarto de esparcimiento. Cada recámara cuenta con un guardarropa y un mueble de baño dentro de su mismo espacio, aunque complementa esta función el cuarto de tina que se ubica en otro cuerpo de la planta alta así como las regaderas y baños de visitas. Al centro de estos dos cuartos se localizan las escaleras que conducen al ático dentro de él se vuelve a apreciar la forma en cruz casi simétrica. El espacio es apenas iluminado por ventilas que rematan cada ala y se apreciar la estructura de madera que soporta la cubierta principal, la cual fue terminada en lámina acanalada de fierro laminado. Durante todo el recorrido por la casa, la madera nos da una muestra de su moldeabilidad y dureza; su belleza despierta el encanto de quien la visita invitándolo a viajar por el rumbo del café.
ORIGEN DE CASA GRANDE
Las fincas cafetaleras comenzaron a surgir en la región Soconusco en los años ochenta del siglo XIX. Entre fines de ese siglo y el primer tercio del XX alcanzaron su apogeo y todavía hoy se encuentra en su arquitectura de madera mucho de su esplendor y del origen extranjero de sus fundadores. El mejor ejemplo abierto al público es la Finca Santo Domingo, ubicada en el ejido homónimo del municipio de Unión Juárez. Enrique Braun Hansen, una vez que adquiere esta hacienda realiza construcciones entre ellas el beneficio de café, que es el más grande de la región, todos con una arquitectura en donde se plasma la cultura de su Alemania, país que lo vio nacer, posteriormente en 1920 inicia la construcción de la casa grande históricamente conocida como la Mansión Braun, concluyéndose esta obra, reconocida como una joya de la arquitectura contemporánea en el año de 1929; transcurrieron solamente 10 años para que Enrique Braun abandonara esta casa y toda la hacienda. Según la historia de este lugar, indica que durante el período presidencial del General Lázaro Cárdenas del Río se aplicó la Reforma Agraria consistente en la expropiación de bienes y propiedades de grandes latifundios; para 1939 a 1940 esta hacienda pasa a formar parte del sistema ejidal de aquel México de la Post revolución, así deja de existir la gran Hacienda de don Enrique Braun y surge el Ejido Santo Domingo. Es importante reconocer que este ejido se sustenta básicamente en su modo de producción por la infraestructura de lo que fue la finca o la gran hacienda, merece pues un reconocimiento la gran capacidad de trabajo y de inversión que en su momento hiciera el señor Braun y que actualmente es reconocido. Los jornaleros de ese entonces de lo que fue la hacienda se organizaron en un sindicato y lucharon para ser considerados dentro de un censo básico para formar parte de lo que actualmente es el Ejido Santo Domingo. La monografía de este pueblo tiene tintes históricos, de mito y de leyenda como es el caso del apellido Braun con la tristemente célebre Eva Braun, compañera y amiga íntima del führer Adolfo Hitler. De 1932 a 1945 fin de la segunda guerra mundial cuando la historia registra que capitula Alemania, cae Berlín; en el bunker del estado mayor del ejército Alemán encontraron dos cuerpos calcinados, uno femenino y el otro masculino, se presume que eran Eva Braun y Adolfo Hitler; pero también se corrió la versión de que fueron suplantados por otros dos cadáveres y que ellos murieron seguramente en algún lugar de Sudamérica muchos años después de causas totalmente diferentes a lo que se piensa, con esto evitaron ser juzgados por una corte internacional por Lesa Humanidad. No hace mucho, National Geografic difundió un documental donde se alimenta esta hipótesis: que Adolfo Hitler y Eva Braun huyeron hacia Argentina en un submarino militar. Aportan pruebas que parecen irrefutables.
BUENA OPCIÓN PARA VACACIONAR
Más de 100 socios actualmente representados por Rosemberg Colmenares administrador del restaurante y hotel invitan a las vacacionistas a disfrutar de un hermoso lugar en donde el calor de su pueblo termina de enaltecer el ejido. “Es un ejemplo de lo que era una finca cafetalera a principios del siglo pasado. Posee una hermosa casa construida en la década de los veinte por el alemán Enrique Braun Hansen. Fue rescatada en 1997 para enriquecer el patrimonio cultural de la región, es una construcción con influencia arquitectónica norteamericana y una decoración elaborada a base de madera”, explicó Rosemberg Colmenares administrador del centro turístico. Comenta que sólo basta asomarse a los corredores de La Casa Grande para admirar la silueta del Tacaná, aunque lo más recomendable es subir al mirador conocido como Pico de Loro y para llegar allí es preciso desplazarse hasta la cercana comunidad de Monte Perla. Actualmente cuenta con los servicios de restaurante, bar, museo del café, alberca, hospedaje con 10 habitaciones confortables y venta de artesanías. “Algunas de las actividades que se pueden practicar en sus bellos alrededores son el senderismo, fotografía, excursiones de observación geológica, paseos a caballo y el agroturismo, por mencionar algunas”, puntualiza. Una finca con vestigios muy alemanes es la denominada casa Braun la cual se encuentra rodeada de un camino de palmeras reales, la cual fue construida en la década de los años 20. Casa Braun cuenta con servicio de restaurante, bar en el ático y también venta de artesanías. Dispone de 10 habitaciones, y tiene amplios corredores y disminuidos barandales. Fue reparada en 1997 después de haber permanecido abandonada durante 30 años. Fue comprada por Enrique Braun, quien tardó alrededor de nueve años en construirla porque toda la madera usada para la construcción de la casa fue traída de Alemania vía Puerto Chiapas, y es un lugar donde también alberga el museo del café donde se encuentran fotos de la familia y antiguos instrumentos para realizar el cultivo y cosecha del café. Cabe destacar que este lugar se le atribuye relación con Adolfo Hitler ya que su amante Eva Braun era la hermana de Enrique Braun y narran algunos pobladores de las constantes visitas del führer alemán a estas tierras aunque no hay aun vestigios de esto. Otro de los mitos de este lugar son los túneles que actualmente se encuentran sellados y salen a la ciudad de Huixtla, incluso a Centroamérica. Dichos túneles fueron construidos por alemanes nazis durante la primera guerra mundial.
Fredy Lopez Arévalo/revista Jovel.

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