Casa / Clima / Frío agrava la espera en el multifamiliar Tlalpan
Las víctimas de la supertormenta Sandy en la costa Este de Estados Unidos vieron cómo el frío se sumaba el domingo a problemas como la escasez de combustible y la falta de luz, a solo dos días de unas elecciones que según las encuestas están muy ajustadas entre el presidente Barack Obama y el aspirante republicano Mitt Romney. En la imagen del 3 de noviembre se puede ver una cola de personas soportando el frío para llenar bidones de gasolina en una gasolinera temporal en el municipio de Staten Island, en Nueva York. REUTERS/Keith Bedford

Frío agrava la espera en el multifamiliar Tlalpan

Son las 10 de la noche y la temperatura marca los 8 grados centígrados. El frío cala desde las manos hasta los pies. No es el anochecer más gélido que han padecido damnificados del Multifamiliar Tlalpan desde los 73 días que tienen viviendo en la calle, aunque es la primera vez que entienden por qué a la luna llena de este domingo se le conoce como “luna fría”.

“Será una temporada navideña diferente, ya no hay unión, nos toca hacer guardias para resguardar lo poco que tenemos, pero aquí estamos como siempre, de pie”.

Así es como Julia Sánchez, de 72 años de edad, concibe su estancia en la calle, padeciendo el frío enfrente del departamento donde vivió por 42 años y que hoy sólo queda en su memoria.

Este domingo le tocó hacer guardia y se tuvo que echar como seis o siete cobijas “regaladas” para cubrirse y aguantar el frío. Una casa hecha de lonas y bolsas le recuerda día y noche que para ellos, los damnificados, no hay nada, “ninguna autoridad, alto mando que tenga verdadera voluntad de ayudarlos”. Ni siquiera les dicen para cuándo estarán de vuelta en su hogar.

La realidad que viven estas personas es devastadora. Mientras algunos gozan de techo y sustento, otros, como los del multifamiliar a quienes el temblor les cambió la vida, tienen que ir al sanitario colocado afuera en la banqueta, exponiéndose a la inseguridad de la colonia Educación.

Lo que sobra es la ayuda comunitaria, de habitantes de las colonias aledañas, de empresas, las mismas que llevan ropa, cobijas, colchones, café, sin esperar nada a cambio.

Siempre la misma gente porque del gobierno nada, una que otra cosita, por ejemplo hace unos días el DIF les dio agua, despensas y cobijas.

“¡Cómo acostumbrarse a vivir en la calle después de tener un techo, ahora sí que está difícil, qué más quisiera uno estar en su camita viendo la tele, tomando un chocolatito calientito, pero pues no, no se puede, esta es nuestra realidad por el momento!”, asienta Julia, siempre sonriendo aunque por dentro se vea que vivir en estas condiciones es lamentable. Ni siquiera han ido a levantar los escombros.

Ella, al igual que otros afectados por el sismo del 19 de septiembre, rola turnos, mañana, tarde y noche para resguardar la zona.

Viven de lo que les traen, ropa, comida. Algunos incluso rentan ahí cerca, pero de todos modos acuden a montar las guardias el día que les toca.

Debido al intenso frío que se ha dejado sentir, algunos damnificados hasta montaron su propio cerco habitacional. Con malla ciclónica se adueñaron de espacios y hasta para poder acceder es complicado.

“Aun con el intenso frío que se vive en la tarde, noche y en las mañanas esperaremos hasta que tengamos una respuesta buena, que se nos construya igual como estaba”.

En el edificio 1 C, hoy derrumbado, habitaban 40 familias, recuerda Julia, quien es jubilada y reconoce que esta situación está muy fea.

“Es mucho desgaste para mi edad. Ya merito cumplo 73 años en abril y ¡claro que me da miedo quedarme así!”.

Aquí, la ayuda sí abunda.En el recorrido que realizó EL UNIVERSAL por este Multifamiliar Tlalpan se percibe que el apoyo ciudadano es de reconocerse.

En el campamento 3 de Gálvez y Fuentes se aprecia que la ayuda sigue llegando, pero que lamentablemente ha sido causa de rencillas entre los vecinos, provocando divisiones cuando deberían estar más unidos que nunca.

A lo lejos se escucha decir a una damnificada que la mayoría de las veces esas donaciones no llegan a manos de todos los afectados. Prefiere no dar su nombre por cuestiones de seguridad ante una represalia, aunque aprovecha para agradecer “de todo corazón” el apoyo ofrecido, pero asegura que es momento de volver a empezar, de renacer y trabajar para obtener lo requerido.

“¡Estamos en pie por personas como ustedes! ¡Qué Dios bendiga a quienes aportaron con colchas, comida y especie para afrontar estos días fríos! expresa la damnificada.

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