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REFLEXIÓN “EL TAPETITO ROJO”

HABLEMOS de Chiapas
 
Por Armando Rodríguez Martínez
 
REFLEXIÓN “EL TAPETITO ROJO”
 
Una pobre mujer vivía en una humilde casa con su nieta, que estaba muy enferma.
Como no tenía dinero para llevarla con un médico, y viendo que a pesar de sus muchos cuidados, la niña empeoraba cada día; con mucho dolor en el corazón decidió dejarla sola e ir a pie hasta la ciudad más próxima en busca de ayuda.
En el único hospital público de la región, le dijeron que los médicos no podían trasladarse hasta su casa, que ella tenía que traer a la niña para ser examinada.
Desesperada por saber que su nieta no conseguiría siquiera levantarse de la cama se retiró y, al pasar por una iglesia decidió entrar.
Algunas señoras estaban arrodilladas haciendo sus oraciones.
Ella también se arrodilló.
Escuchó las oraciones de aquellas mujeres y cuando tuvo oportunidad, también alzó su voz y dijo:
“Hola Dios, soy yo María. Fíjese Señor, que mi nieta está muy enferma. Yo quisiera que usted fuese para allá a curarla. Por favor, Dios, anote la dirección.”
Las señoras se sorprendieron con esa oración y continuaron escuchando.
“Es muy fácil, solamente es seguir el camino de las piedras y cuando pase el río con un puente usted entra en la segunda calle de terracería. Pasa la tiendita. Mi casa es el último jacal de esa callecita.”
Las otras señoras, que estaban pendientes de la oración se esforzaban para no reír.
Ella continuó: “Mire Dios, la puerta está cerrada, pero la llave está abajo del tapetito rojo de la entrada. Por favor Señor, cure a mi nietecita. Gracias.”
Y cuando todas pensaron que ya había acabado ella agregó: “¡Ah! Señor, por favor, no se olvide de colocar la llave de nuevo abajo del tapetito rojo, si no, yo no voy a poder entrar a la casa. Muchas, muchas gracias!”.
Después que Doña María se fue, las demás señoras soltaron la carcajada y se quedaron comentando lo triste que es ver que las personas no saben ni orar.
Cuando Doña María llegó a su casa no se pudo contener de tanta alegría al ver a la niña sentada en el piso jugando con sus muñecas.
“¿Ya estás de pie?”
Y la niña, mirándola cariñosamente le contestó: “Un médico estuvo aquí abuelita. Me dio un beso en la frente y dijo que iba a mejorar. ¡Él, era tan hermoso abue! Su ropa era tan blanca que parecía hasta que brillaba…
¡Ah! Y Él te mandó decir, que si fue fácil encontrar nuestra casa y que iba a dejar la llave debajo del tapetito rojo como tú se lo pediste”
Dios no quiere palabras bonitas, Él quiere palabras sinceras.
REFLEXIÓN
En el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Núremberg, vivía una familia con varios hijos.
Para poner pan en la mesa para todos, el padre trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de carbón, y en cualquier otra cosa que se presentara.
Dos de sus hijos tenían un sueño: querían dedicarse a la pintura. Pero sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.
Después de muchas noches de conversaciones calladas, los dos hermanos llegaron a un acuerdo.
Lanzarían al aire una moneda, y el perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara… Al terminar los estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa con la venta de sus obras. Así, los dos hermanos podrían ser artistas.
Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la iglesia. Uno de ellos llamado *Albrecht Durero,* ganó y se fue a estudiar a Núremberg.
Entonces, el otro hermano, comenzó el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció durante los siguientes cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda una sensación en la Academia.
Los grabados de Albretch, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.
Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durero se reunió para una cena festiva en su honor.
Al finalizar la memorable velada, Albretch se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado trabajando en las minas para hacer sus estudios una realidad. Y dijo: – Ahora, hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir a Núremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de todos tus gastos.” Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba su hermano.
Pero éste, con el rostro empapado en lágrimas, se puso en pie y dijo suavemente: – *No, hermano, no puedo ir a Nüremberg.* Es muy tarde para mí. Estos cuatro años de trabajo en las minas han destruido mis manos.
Cada hueso de mis dedos se ha roto al menos una vez, y la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis.
No podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino, y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, hermano, para mí ya es tarde. Pero soy feliz de que mis manos deformes hayan servido para que las tuyas ahora hayan cumplido su sueño.
Más de 450 años han pasado desde ese día. Hoy los grabados, óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albretch Durero pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo.
Pero seguramente usted, como la mayoría de las personas, sólo recuerde uno.
Seguramente hasta tenga uno en su oficina o en su casa. Es el que un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano, Albretch Durero dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo.
Llamó a esta poderosa obra simplemente “manos” pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a su obra de arte y se le cambió el nombre por el de “manos que oran”.
La próxima vez que veas una copia de esa obra, mírala bien. Y ojalá que sirva para que, cuando te sientas demasiado orgulloso de lo que haces, y muy pagado de ti mismo, recuerdes que en la vida ¡nadie nunca triunfa sólo!
LE PLATICO.
Con el Corazón lleno de dolor, pero con todas mis energías físicas y mentales, mi entusiasmo y mi buena voluntad, aquí estoy en las comunidades pobres que fueron afectadas por el terremoto entre los municipios de Pijijiapan y Tonalá, si da coraje que estén viniendo a estos lugares Candidatos a Puestos de elección popular, sólo para tomarse la fotografía con los damnificados…….Eso no se vale.                           MUCHAS GRACIAS, PERO NO HABRA FIESTA. Como todos los años, mi familia, amigos y lectores me organizan mi fiesta de cumpleaños, les agradezco sus felicitaciones anticipadas que me están enviando por distintos medios, pero les digo que éste 28 de Septiembre del 2017, no habrá fiesta. No es justo que mientras miles y miles de damnificados sufren, nosotros celebremos mi cumpleaños. Gracias.

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